14 de abril de 2026, Washington fue escenario de un evento diplomático sin precedentes: el primer encuentro formal entre representantes de Líbano e Israel en más de treinta años. La reunión, mediada por el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, tiene como objetivo central encontrar una salida política al conflicto que enfrenta al ejército israelí con el grupo militante Hezbolá. Rubio calificó la cita como una «oportunidad histórica» para desmantelar la influencia operativa de la organización respaldada por Irán en territorio libanés.
Durante la sesión, las posturas de ambos países quedaron claras. Israel enfatizó su exigencia de desarmar a todos los «grupos terroristas no estatales», en alusión directa a Hezbolá, mientras que la delegación libanesa urgió un cese al fuego inmediato y medidas concretas para aliviar la crisis humanitaria que asfixia al país. Desde que iniciaron las operaciones militares el pasado 2 de marzo —apenas días después de los ataques coordinados contra Irán—, la cifra de víctimas fatales ha superado las 2,000 personas y más de un millón de ciudadanos han sido desplazados de sus hogares.
Pese al optimismo en Washington, la realidad en el campo de batalla sigue siendo cruenta. Mientras se desarrollaban las pláticas, Hezbolá reivindicó al menos 24 ataques contra posiciones israelíes y las alarmas por drones y cohetes resonaron durante gran parte del día en las comunidades del norte de Israel. En este sentido, el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, señaló que, aunque ambas partes han acordado trabajar para reducir el peso político y militar de Hezbolá, Estados Unidos mantiene su respaldo total al derecho de Israel a defenderse de las agresiones continuas del grupo.
El presidente libanés, Joseph Aoun, expresó su esperanza de que este diálogo marque «el principio del fin del sufrimiento del pueblo libanés», señalando que la única solución viable es que las fuerzas armadas oficiales de Líbano asuman la responsabilidad total de la seguridad nacional. No obstante, la capacidad real del gobierno central para confrontar a Hezbolá es cuestionable; la organización, con gran peso en el sur del país y en el gabinete ministerial, ya advirtió a través de sus voceros que no se siente vinculada por ningún acuerdo que se firme en Washington.
Finalmente, estas pláticas adquieren una relevancia especial al coincidir con los esfuerzos de mediación entre EE. UU. e Irán en Pakistán. Aunque los negociadores iraníes insistieron en incluir a Líbano en cualquier cese al fuego regional, tanto Washington como Israel rechazaron la propuesta, optando por este canal bilateral separado. Con una tregua de 15 días en la región que está por expirar, el éxito de estos encuentros en la capital estadounidense es visto como el último recurso para evitar una conflagración total en el Levante.