Este lunes 13 de abril de 2026, la tensión en el Estrecho de Ormuz ha alcanzado un nuevo punto crítico tras el estancamiento de las negociaciones en Islamabad. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha implementado un contrabloqueo selectivo dirigido exclusivamente a las embarcaciones iraníes y a cualquiera que acepte pagar los peajes exigidos por Teherán. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario lanzó una advertencia letal: cualquier buque de ataque rápido (FAC) que desafíe este bloqueo será «eliminado de inmediato» mediante un sistema de aniquilación que describió como «rápido y brutal». Aunque este movimiento supone un ligero matiz respecto a la amenaza de bloqueo total proferida anteriormente, el despliegue militar necesario para ejecutarlo es calificado por expertos como una apuesta de enorme riesgo.
En la otra acera, el portavoz de las Fuerzas Armadas iraníes, Ebrahim Zolfaqari, tachó la medida estadounidense de «piratería» y amenazó con atacar los puertos de los aliados de Washington en el Golfo Pérsico. A pesar de que Pakistán intenta reanimar las pláticas —asegurando que solo quedan uno o dos puntos pendientes—, el tema nuclear ha vuelto a congelar el progreso diplomático. En medio de este impase, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, reafirmó su «constante coordinación» con la Casa Blanca, apoyando el bloqueo mientras mantiene su ofensiva militar en Líbano, asegurando que la tregua actual es sumamente frágil.
El impacto económico de este pulso naval ha comenzado a convulsionar los mercados globales. Los precios del petróleo y el gas aumentaron un 7% este domingo, alimentando los temores de una «warflation» (inflación de guerra) que podría castigar el crédito político de Trump en vísperas de las elecciones de noviembre. Si bien el presidente estadounidense asegura que su país posee suficiente crudo para no depender del estrecho, Irán ha advertido que el precio de la gasolina en los surtidores pronto se volverá insostenible para el ciudadano promedio de EE. UU., quien antes del conflicto pagaba apenas un dólar por galón.
Finalmente, mientras Francia y el Reino Unido planean una conferencia para organizar una misión naval defensiva independiente que restablezca la libertad de navegación, Irán aprovecha la pausa de los bombardeos para evaluar los daños. Los reportes indican que la guerra ha sido devastadora para su infraestructura civil: el 40% de su flota de aviación comercial ha sido destruida, con pérdidas estimadas en 162 millones de euros. A pesar de la reconstrucción parcial de vías ferroviarias estratégicas, la región permanece a la espera de un desenlace que evite un retorno a las hostilidades abiertas antes de que concluya el actual cese al fuego de 15 días.