La agencia estatal de noticias WAM confirmó que los Emiratos Árabes Unidos (EAU) abandonarán formalmente la OPEP y la alianza OPEP+ a partir del próximo 1 de mayo de 2026. Esta decisión pone fin a casi sesenta años de membresía y priva al cártel de su tercer mayor productor en un momento de extrema vulnerabilidad para los mercados energéticos globales. La noticia llega mientras la guerra con Irán entra en su novena semana y el Estrecho de Ormuz permanece cerrado, manteniendo los precios del crudo por encima de los 110 dólares por barril.
La ruptura entre Abu Dabi y Riad se ha gestado durante años, impulsada principalmente por el desacuerdo sobre las cuotas de producción impuestas por el bloque liderado por Arabia Saudita. Mientras que el acuerdo de la OPEP+ limitaba a los Emiratos a producir aproximadamente 3 millones de barriles diarios, la capacidad real de la nación supera los 4 millones. Con la petrolera estatal ADNOC proyectando alcanzar los 5 millones de barriles para 2027, las restricciones del cártel se volvieron incompatibles con los objetivos de expansión económica y soberanía de los Emiratos.
A las diferencias económicas se sumó un deterioro diplomático profundo derivado del conflicto en Yemen, donde las fuerzas saudíes interceptaron recientemente cargamentos de armas vinculados a los Emiratos y atacaron el puerto de Mukalla. Además, Abu Dabi ha iniciado una transición estratégica hacia una economía de «cero emisiones netas» para 2050, posicionándose más como un socio tecnológico de Occidente que como un simple exportador de crudo. El ministro de Energía, Suhail al-Mazrouei, ya había advertido que el petróleo está en modo de declive y que su defensa eterna era, en gran medida, una ilusión.
En el corto plazo, el impacto físico del abandono de los Emiratos en el suministro global será limitado, ya que la crisis en el Estrecho de Ormuz mantiene bloqueada gran parte de su capacidad de exportación. No obstante, las implicaciones a largo plazo para la OPEP son críticas, sumándose a las salidas previas de Qatar, Angola y Ecuador. El desafío ahora recae sobre Arabia Saudita y Rusia, quienes deberán decidir si responden con una guerra de precios o una renegociación masiva para evitar que la estructura del cártel se desmorone definitivamente en plena crisis bélica.