Desde este viernes y durante seis días, la ciudad de Santa Marta, Colombia, se convierte en el epicentro del diálogo climático al recibir a delegados de más de cincuenta países en la primera conferencia internacional dedicada exclusivamente a trazar una hoja de ruta para el abandono de los combustibles fósiles. El encuentro ocurre en un momento de volatilidad geopolítica y tensiones en los precios del petróleo debido a los conflictos en Oriente Próximo, lo que acentúa la urgencia de desvincular las economías del carbón, el gas y el petróleo. Sin embargo, la región llega a la cita sumida en profundas contradicciones. Mientras Colombia lidera la narrativa de salida de los fósiles, México bajo la administración de Claudia Sheinbaum ha anunciado incursiones en el fracking para gas natural, y Brasil insiste en explorar yacimientos en la Amazonia para financiar su propia transición.
Getty ImagesA pesar de estas ambigüedades en las políticas extractivas, Latinoamérica presenta una ventaja competitiva excepcional en la generación de electricidad limpia. Según datos recientes del grupo Ember, durante el año 2025 la región generó el 63% de su electricidad a partir de fuentes renovables, superando con creces el promedio mundial del 34%. Aunque la hidroeléctrica sigue siendo el pilar principal con un 40%, la combinación de energía solar y eólica ha escalado hasta el 19%. Chile se ha consolidado como un líder global en energía solar, ocupando el segundo lugar a nivel mundial, mientras que en Brasil la generación solar ya supera a la producida por combustibles fósiles, gracias a un fuerte despliegue de generación distribuida y almacenamiento en baterías.
No obstante, el panorama no es uniforme en todo el continente, pues países como México y Colombia muestran rezagos significativos en la adopción de tecnologías eólicas y solares modernas. En México, la dependencia del gas importado para la electricidad es del 62%, casi el triple del promedio regional, lo que expone su sistema energético a la errática geopolítica internacional. En Colombia, la generación eólica y solar combinada apenas alcanza el 5,3%, quedando muy por detrás de la tendencia latinoamericana del 19%. Esta disparidad subraya la necesidad de reformas estructurales y de un multilateralismo más horizontal que permita a los países en desarrollo financiar sus planes sin verse presionados por modelos económicos que perpetúan las industrias extractivas.
La conferencia de Santa Marta también busca dar un papel central a los pueblos indígenas y sindicatos, quienes demandan que la transición no sea solo un cambio tecnológico, sino un proceso de justicia económica y social. Las organizaciones de la Amazonia brasileña y colectivos de derechos climáticos insisten en que cualquier acuerdo logrado en estos días solo será legítimo si incluye la participación activa de las comunidades que habitan los territorios en disputa. Los resultados de estos diálogos, que concluirán con un panel ministerial, se consolidarán en un informe previsto para junio de 2026, el cual servirá como insumo crítico para las agendas políticas en un año electoral determinante para la región.