Este viernes 24 de abril de 2026, el gobierno del presidente Donald Trump ejecutó una de las maniobras económicas más agresivas de su actual administración al imponer sanciones a Hengli Petrochemical, una de las refinerías independientes más grandes de China, junto a unas 40 empresas navieras y buques tanque. La medida, anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, cumple la promesa de aplicar sanciones secundarias contra cualquier entidad o nación que facilite el comercio con Irán. Esta ofensiva financiera busca desmantelar la principal fuente de ingresos de la República Islámica en el marco del conflicto armado que involucra a Estados Unidos e Israel, expulsando a las empresas infractoras del sistema financiero estadounidense.
La refinería Hengli, ubicada en la ciudad portuaria de Dalian, tiene una capacidad de procesamiento de 400 mil barriles de crudo al día y es acusada por el Departamento del Tesoro de generar cientos de millones de dólares para el ejército iraní desde 2023. Dado que China adquiere entre el 80% y el 90% del petróleo de Irán a través de flotas clandestinas, estas sanciones impactan directamente el corazón del suministro energético chino justo antes de una reunión clave entre Trump y Xi Jinping. De forma paralela, Estados Unidos mantiene un bloqueo físico en el estrecho de Ormuz, lo que ha generado una volatilidad extrema y un alza histórica en los precios globales del petróleo y el gas natural.
Ante la presión de Washington, el gobierno chino ha manifestado su desacuerdo, señalando que estas acciones unilaterales socavan las reglas del comercio internacional y vulneran los intereses legítimos de sus empresas. Sin embargo, el Tesoro de Estados Unidos ha sido enfático al advertir a instituciones financieras en Hong Kong, Emiratos Árabes Unidos y Omán que no habrá tolerancia para quienes permitan el flujo de capitales iraníes. Mientras Irán condiciona el fin de la guerra al levantamiento de este cerco económico, la Casa Blanca apuesta por una estrategia de máxima presión que combina el poderío militar en el golfo Pérsico con el aislamiento financiero global de sus adversarios.