Miles de personas se congregaron este domingo en el National Mall de Washington D.C. para participar en una masiva jornada de oración denominada «Rededicate 250», cuyo propósito declarado fue la reconsagración de los Estados Unidos como una nación bajo el amparo de Dios. Con el icónico Monumento a Washington como escenario de fondo, el evento estuvo marcado por un fuerte enfoque cristiano evangélico, evidenciado en una escenografía que fusionaba la estética de los edificios federales con vitrales religiosos que mostraban a los padres fundadores junto a una cruz blanca. La reunión, concebida en el marco de las celebraciones por los doscientos cincuenta años de la independencia del país, avivó de inmediato el debate político y social debido a sus evidentes vínculos con el llamado nacionalismo cristiano.
Durante las intervenciones, destacados líderes religiosos y políticos conservadores defendieron la estrecha relación entre el cristianismo y la historia de la fundación estadounidense. Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando el reverendo Robert Jeffress, un influyente pastor bautista del sur, adoptó abiertamente el término de nacionalista cristiano, argumentando que si este concepto implicaba amar a Jesucristo y a la patria, él se sumaba gustosamente a la causa. El programa del evento contó con la participación programada del presidente Donald Trump a través de un mensaje en video, así como de altos funcionarios de su administración, incluyendo al secretario de Defensa Pete Hegseth, el secretario de Estado Marco Rubio y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson.
La fuerte inclinación evangélica y conservadora del evento generó duras críticas por parte de organizaciones civiles y líderes de otras tradiciones de fe, quienes acusaron a los organizadores de traicionar el principio fundamental de la libertad religiosa en el país. El reverendo Adam Russell Taylor, director de la organización progresista Sojourners, manifestó su profunda preocupación de que la conmemoración nacional estuviera siendo secuestrada por una visión teológica sumamente estrecha e ideológica. Por su parte, el rabino Jonah Dov Pesner recordó que los orígenes de la Unión estuvieron caracterizados por una amplia diversidad espiritual que incluía a judíos, musulmanes y pueblos indígenas, por lo que instó a defender una identidad nacional que proteja a todos los credos por igual.
A pesar de los reclamos, el lenguaje religioso permeó los discursos oficiales, destacando la participación de figuras como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien instó a los asistentes a orar de rodillas por la nación invocando la fe de George Washington. La organización del encuentro corrió a cargo de Freedom 250, una alianza público-privada respaldada por la Casa Blanca que ha sido cuestionada por legisladores demócratas, quienes la señalan como una plataforma paralela para evadir el control de la comisión del Congreso encargada originalmente de los festejos de la independencia. Como respuesta, agrupaciones seculares y cristianas progresistas como la Freedom From Religion Foundation y la Interfaith Alliance organizaron protestas y proyecciones públicas bajo consignas que exigían mantener la separación entre la Iglesia y el Estado para salvaguardar la democracia.