Según fuentes cercanas al asunto, se enviará una carta de manera inminente a Kabul para organizar una fecha de reunión en la capital belga con las autoridades de facto de Afganistán. Esta visita, coordinada conjuntamente con Suecia, daría seguimiento a dos viajes previos realizados por funcionarios europeos a territorio afgano para tratar el mismo tema. Un portavoz del ejecutivo de la Unión Europea confirmó que actualmente se está trabajando en un posible encuentro de seguimiento a nivel técnico en Bruselas, aunque todavía no se ha planteado una fecha específica para la realización de la visita oficial por parte de los representantes afganos.
Como parte de un endurecimiento generalizado de las políticas migratorias en el continente, alrededor de veinte países de la Unión Europea exploran actualmente vías para devolver a migrantes a Afganistán, enfocándose particularmente en aquellos que cuentan con condenas penales. En una misiva enviada el pasado octubre, varios estados miembros instaron al bloque a encontrar soluciones diplomáticas y prácticas para avanzar en esta materia de repatriación. Bajo este contexto, ya se llevó a cabo una reunión técnica inicial en Kabul durante enero de dos mil veintiséis, y ahora la comisión trabaja con Suecia para proseguir con estas discusiones en territorio europeo.
Este tipo de acercamientos plantea múltiples interrogantes éticos y prácticos, principalmente porque implican dialogar directamente con el régimen talibán, el cual no es reconocido formalmente por la Unión Europea. Los talibanes han permanecido aislados internacionalmente desde que impusieron una versión estricta de la ley islámica al retomar el poder en dos mil veintiuno. Para ingresar a Bélgica, sede de las instituciones comunitarias, los funcionarios talibanes requerirían exenciones especiales de viaje, un paso que las autoridades belgas parecen estar dispuestas a conceder en teoría para facilitar el diálogo técnico.
Más allá de la logística, el impulso europeo por las repatriaciones ocurre mientras Afganistán enfrenta una crisis humanitaria severa. Desde dos mil veintitrés, más de cinco millones de afganos han regresado desde Irán y Pakistán, a menudo de forma forzada, y la mayoría vive en condiciones de extrema precariedad sin vivienda ni empleo estable. Entre dos mil trece y dos mil veinticuatro, los países de la Unión Europea recibieron cerca de un millón de solicitudes de asilo por parte de ciudadanos afganos, de las cuales solo se aprobaron aproximadamente la mitad durante dicho periodo histórico.
En dos mil veinticinco, los afganos continuaron representando la mayor parte de los solicitantes de asilo en la región, pero el endurecimiento de la opinión pública ha llevado a Europa a considerar el recorte de la acogida y la implementación de retornos. Alemania ha liderado este movimiento deportando a más de cien afganos con antecedentes penales desde dos mil veinticuatro mediante vuelos facilitados por Qatar, tras una serie de ataques mortales en suelo alemán que endurecieron las posturas políticas. Austria siguió este ejemplo recibiendo a una delegación talibán en Viena a mediados de septiembre, mientras que países como Bélgica y Suecia buscan emular estas acciones con el respaldo de sectores que exigen mayor rigor migratorio.
La campaña de retornos ha generado duras críticas por parte de organizaciones no gubernamentales y sectores políticos de izquierda, quienes advierten que deportar personas a un país donde casi la mitad de la población no puede alimentarse es una decisión que podría costar vidas humanas. Grupos defensores de los derechos de los migrantes temen que una visita a Bruselas permita a los talibanes identificar a individuos específicos para su retorno, poniendo en riesgo sus derechos fundamentales una vez en territorio afgano. Por otro lado, fuentes diplomáticas sostienen que la visita busca resolver problemas prácticos urgentes, como la emisión de pasaportes para personas cuyas embajadas en Europa no son reconocidas por las autoridades actuales en Kabul.