El microrrelato
Miopía
Mi vista ya no es lo que solía ser.
Te amo tanto que te pido que me permitas acercarme mucho a tu rostro. Nunca lo había hecho. Siempre mantenías tu distancia.
Dicen que los ojos son la ventana del alma.
Me aproximo hasta poder enfocar tus pupilas. Me sorprendo al ver que en el fondo de tus ojos solo hay oscuridad, desolación y, en medio, una persona. Soy yo. Trato de alejarme; no puedo. Todo es vacío a mi alrededor.
La reflexión
Entre poner límites cuando alguien nos daña y exigir que reconozca ese daño y admita responsabilidad, por un lado, y, por el otro, tomar responsabilidad de nuestras propias emociones y no considerar al otro como malo, como monstruo, como alguien que daña por voluntad, sádicamente… pareciera sumamente difícil tomar una postura. Lo es, en parte, porque nos han hecho adictos al pensamiento simplista y necesitamos pensamiento complejo. Si reconocemos nuestra propia humanidad, nuestra oscuridad, los actos que hemos realizado que han lastimado a otros, si reconocemos que no lo sabemos todo y que cometemos errores y que herimos a otros, aunque no queramos e incluso ni nos demos cuenta; si reconocemos todo esto, entonces podemos también ver de forma distinta a los demás, como humanos, como personas muy heridas, tan perdidas como nosotros mismos, intentando hacer lo mejor que pueden, aunque a veces lastimen demasiado. Sé que no es nada fácil, sobre todo cuando el dolor que hemos recibido es poderoso, también cuando los actos del otro –o los propios– parecen inenarrables, sé que requiere una fortaleza y un trabajo personal y un cultivo de amor que poca gente parece poder lograr; entiendo todo eso, pero creo que es imprescindible que lo intentemos lo mejor que podamos, para poder también contribuir a la sanación social.
La recomendación de libro
Comunicación no violenta, Marshall Rosenberg.
La cita del libro recomendado
“Como hemos visto, todas las críticas, ataques, insultos y juicios se desvanecen cuando centramos nuestra atención en escuchar los sentimientos y necesidades que se esconden tras un mensaje. Cuanto más practicamos esto, más nos damos cuenta de una simple verdad: detrás de todos esos mensajes que nos han intimidado, solo hay personas con necesidades insatisfechas que nos incitan a contribuir a su bienestar. Cuando recibimos mensajes con esta consciencia, nunca nos sentimos deshumanizados por lo que otros nos dicen. Solo nos sentimos deshumanizados cuando nos dejamos atrapar por imágenes despectivas de otras personas o pensamientos negativos sobre nosotros mismos.”
Carlos Conde
Psicoanalista, filósofo, escritor, amante de la literatura de terror, ciencia ficción y fantasía.
Correo electrónico: ccondetepoz@gmail.com.
Página de escritor: https://letrasysombras.com/
