La cuarta semana del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ha comenzado con una profunda contradicción diplomática que ha dejado a los mercados internacionales en vilo. Este lunes 23 de marzo de 2026, el presidente Donald Trump aseguró a través de sus redes sociales que se han llevado a cabo conversaciones muy productivas con un alto mando iraní, lo que le llevó a instruir al Pentágono para posponer por cinco días cualquier ataque contra las plantas de energía e infraestructura de dicho país. Según el mandatario estadounidense, ambas naciones desean llegar a un acuerdo para finalizar las hostilidades, condicionando el cese de los bombardeos al éxito de estas supuestas reuniones que, según sus declaraciones, habrían iniciado el pasado domingo.
Sin embargo, la respuesta desde Teherán fue inmediata y contundente, negando la existencia de cualquier negociación directa con Washington. Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento iraní, calificó las afirmaciones de Trump como noticias falsas diseñadas para manipular los mercados de petróleo y finanzas, además de ser una táctica para escapar del atolladero en el que se encuentran atrapados Estados Unidos e Israel. Por su parte, el portavoz de la cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, confirmó que aunque han recibido mensajes de países aliados sobre el deseo estadounidense de negociar, no ha habido un diálogo formal, manteniendo la postura de resistencia mientras los ataques israelíes continúan golpeando la capital iraní.
Analistas internacionales sugieren que este giro narrativo de Trump podría ser una estrategia para retroceder de su propio ultimátum de 48 horas, en el cual amenazó con destruir las plantas eléctricas de Irán si no se reabría el Estrecho de Ormuz. Ante la posibilidad de una represalia iraní de gran escala y la presión de mediadores regionales como Pakistán, Egipto y Turquía, la tregua de cinco días ofrece una ventana de desescalada que permite al gobierno estadounidense replantear su postura sin admitir un paso atrás ante la opinión pública. Mientras tanto, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu ha mantenido la presión militar en Líbano e Irán, asegurando que cualquier posible acuerdo deberá salvaguardar los intereses vitales de su nación en la región.