Los contactos internacionales del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cerraron este jueves por la noche con una llamada telefónica de 45 minutos con el mandatario chino, Xi Jinping. Según un comunicado difundido por la parte china, Xi prometió mantener el apoyo a Brasil “en estos tiempos turbulentos” y reafirmó el interés de su país por fortalecer vínculos con América Latina y el Caribe.
En esa conversación, Xi señaló que China busca ser un socio y amigo de los países de la región y avanzar en la construcción de una “comunidad de futuro compartido”. También subrayó la relevancia de Brasil y China dentro del llamado Sur Global y planteó la necesidad de “salvaguardar conjuntamente” el papel central de las Naciones Unidas.
Por el lado brasileño, la Presidencia indicó que Lula destacó que Brasil y China cumplen una función relevante en la defensa del multilateralismo, el derecho internacional y el libre comercio. En el mismo intercambio, se resaltó la importancia de mantener espacios de coordinación internacional en el contexto actual.
En días recientes, Lula también ha expresado públicamente su postura sobre la operación estadounidense en Venezuela, al señalar que la incursión constituye, en más de 200 años de vida independiente en Sudamérica, el primer ataque militar directo de Estados Unidos contra la región. En ese planteamiento, añadió que las potencias no deberían basar su actuación únicamente en el temor o la coerción.
La llamada con Xi se dio al cierre de una ronda de conversaciones que Lula inició tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero por un comando de soldados estadounidenses. Desde entonces, el mandatario brasileño ha hablado con líderes de países integrantes de los BRICS, como Vladímir Putin y Narendra Modi, así como con otros jefes de Estado y de gobierno, entre ellos Mark Carney (Canadá), Claudia Sheinbaum (México), Recep Tayyip Erdogan (Turquía) y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
La captura de Maduro, quien mantenía relaciones estrechas con Pekín, ha puesto a prueba la influencia de China en América Latina. El país asiático es el principal socio comercial de América del Sur y participa en proyectos de infraestructura en la región. En paralelo, el gobierno de Donald Trump ha enviado señales de que busca reforzar su presencia e influencia regional, en un contexto en el que ha subrayado su interés en el petróleo venezolano.
En este escenario, Brasil ha buscado sostener relaciones funcionales tanto con Estados Unidos como con China, una estrategia que, de acuerdo con el propio enfoque diplomático brasileño, enfrenta mayores desafíos ante el incremento de tensiones entre Washington y Pekín.