En su primer mensaje a la nación tras suceder a su padre, el nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jameneí, reafirmó la determinación de su gobierno de sostener el bloqueo sobre el Estrecho de Ormuz. La declaración, emitida a través de canales oficiales, subraya la intención de Teherán de utilizar el control de esta vía marítima —vital para el tránsito de una quinta parte del crudo mundial— como una herramienta de coacción económica frente a las operaciones militares que Estados Unidos e Israel mantienen en la región desde finales de febrero.
El posicionamiento de Jameneí, de 56 años, ocurre en un momento de alta tensión donde el mercado energético global ya refleja las consecuencias del conflicto. El precio del petróleo Brent registró un incremento del 9%, superando la barrera de los 100 dólares por barril, lo que representa un alza acumulada del 38% desde el inicio de las hostilidades. La estrategia iraní busca generar un impacto financiero suficiente para forzar el cese de los bombardeos que, hasta la fecha, han cobrado la vida de altos mandos del gobierno y del programa de misiles balísticos.
En el plano operativo, las fuerzas estadounidenses informaron haber impactado más de 6,000 objetivos en territorio iraní, incluyendo unidades navales especializadas en el minado de aguas. Paralelamente, el conflicto se ha intensificado en el frente libanés; el grupo Hezbolá lanzó cerca de 200 proyectiles hacia el norte de Israel, mientras que la aviación israelí ejecutó ataques directos en el distrito de Bashoura, en el centro de Beirut, una zona densamente poblada que alberga sedes diplomáticas y oficinas de organismos internacionales.
La crisis humanitaria ha alcanzado niveles críticos según reportes de agencias internacionales. Se estima que 3.2 millones de personas han sido desplazadas dentro de Irán, huyendo principalmente de Teherán hacia zonas rurales del norte, mientras que en Líbano la cifra de desplazados internos asciende a 800,000. A este escenario se suma la confirmación de ataques israelíes contra instalaciones nucleares iraníes que presuntamente estaban en proceso de reactivación tras haber sido dañadas el año pasado.
El alcance del conflicto continúa expandiéndose a otros países de la zona. Se han reportado incursiones de drones y ataques en bases militares de Irak que albergan tropas extranjeras, así como incidentes en Baréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. Ante esta situación, diversos organismos globales han reiterado el llamado a la desescalada, advirtiendo que la prolongación de la guerra y el cierre de las rutas comerciales están vulnerando de manera desproporcionada a la población civil y a la estabilidad económica internacional.