En una medida sin precedentes para estabilizar el mercado energético global, los 32 países miembros de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) acordaron la liberación coordinada de 400 millones de barriles de petróleo. Esta acción busca mitigar el impacto del cierre de facto del Estrecho de Ormuz, punto neurálgico que canaliza la quinta parte del suministro mundial de crudo y que actualmente se encuentra bajo bloqueo debido al conflicto bélico en territorio iraní.
La dirección ejecutiva del organismo calificó la magnitud del desafío como «sin precedentes», destacando que esta es la mayor intervención en la historia de la institución. A este esfuerzo se suma la determinación del gobierno de Estados Unidos de liberar 172 millones de barriles adicionales de su Reserva Estratégica, proceso que iniciará la próxima semana y se extenderá por un periodo estimado de 120 días. El volumen total movilizado por la AIE equivale a unos 20 días de flujo habitual a través del estrecho.
A pesar de la intervención de los países industrializados, la volatilidad persiste en los mercados. Durante la jornada del jueves, el crudo Brent registró una escalada superior al 9% en las plazas asiáticas, rompiendo la barrera de los 100 dólares por barril antes de estabilizarse cerca de los 97.50 dólares. Esta presión alcista responde a la reciente intensificación de los ataques contra la navegación comercial; en las últimas horas, un carguero de bandera tailandesa fue alcanzado por proyectiles frente a la costa de Omán, mientras que dos petroleros extranjeros sufrieron actos de sabotaje en el puerto iraquí de Al Faw.
Por su parte, el mando militar de Irán ha formalizado una estrategia de «bloqueo sistemático», advirtiendo que no permitirá el tránsito de hidrocarburos destinados a sus adversarios y sus aliados estratégicos. Según portavoces de Teherán, la seguridad regional es la base de la estabilidad de precios, sugiriendo que el valor del barril podría escalar hasta los 200 dólares si persisten las operaciones militares en su contra. En respuesta, el Comando Central de Estados Unidos (Centcom) informó sobre la neutralización de unidades navales iraníes dedicadas al minado de aguas y emitió advertencias para que la población civil evite las zonas portuarias del sur de Irán, ahora consideradas objetivos militares.
Ante la parálisis en el Estrecho de Ormuz, las naciones productoras de la región han comenzado a activar planes de contingencia logística. Arabia Saudita ha maximizado el flujo de su red de oleoductos Este-Oeste, elevando su transporte hasta los 7 millones de barriles diarios para redirigir la producción hacia terminales en el Mar Rojo. No obstante, estas alternativas apenas cubren una fracción de la capacidad total del estrecho, lo que ha obligado a productores como Kuwait e Irak a iniciar recortes preventivos en su producción mientras dure la crisis.