Este lunes 16 de marzo de 2026, el ejército de Israel anunció el inicio de operaciones terrestres «limitadas y selectivas» en el sur de Líbano. Según el comunicado oficial, las incursiones tienen como objetivo específico los bastiones de Hezbolá en las zonas fronterizas, buscando desmantelar la infraestructura que la organización utiliza para lanzar ataques contra civiles en el norte de Israel. Esta fase terrestre es precedida por una intensa campaña de ataques aéreos y de artillería que se ha mantenido constante en los últimos días.
El conflicto actual se desencadenó el pasado 2 de marzo, cuando Líbano fue arrastrado a la guerra tras los ataques de Hezbolá en represalia por la muerte del Líder Supremo iraní, Alí Jameneí, en operaciones conjuntas de Estados Unidos e Israel. Desde entonces, el costo humano en Líbano ha sido severo: las autoridades locales reportan 886 fallecidos, de los cuales 111 son menores de edad. Además, el número de personas desplazadas registradas ha escalado hasta los 830,000, generando una presión humanitaria sin precedentes en la región de Asia Occidental.
La comunidad internacional ha reaccionado con profunda preocupación ante el avance de las tropas israelíes. El canciller alemán, Friedrich Merz, instó a Israel a no persistir en la ofensiva terrestre, calificándola como un «error» dadas las previsibles consecuencias humanitarias. Por su parte, Turquía condenó la maniobra, advirtiendo que esta acción solo profundizará la inestabilidad regional.
En el terreno, el portavoz militar israelí, Nadav Shoshani, justificó la incursión señalando que Hezbolá ha movilizado a cientos de efectivos de su unidad de élite, Radwan, hacia el sur para expandir sus operaciones. Mientras tanto, Hezbolá ha reportado enfrentamientos directos con las fuerzas israelíes en localidades fronterizas como Khiam, asegurando que la resistencia continúa activa ante el avance del ejército vecino