Después de semanas de retórica incendiaria en las que el presidente Donald Trump llegó a amenazar con la desaparición de «toda una civilización», el mundo recibe este jueves 9 de abril de 2026 un frágil respiro diplomático. Estados Unidos e Irán han aceptado un cese al fuego condicional de dos semanas, mediado por el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif. El acuerdo, efectivo de manera inmediata, permite la reapertura del Estrecho de Ormuz —vital para el suministro mundial de petróleo— bajo coordinación militar iraní, a cambio de la suspensión de los bombardeos estadounidenses sobre la República Islámica.
Trump, a través de su plataforma Truth Social, justificó el cese al fuego afirmando que «ya se han cumplido y superado todos los objetivos militares», tras haber advertido horas antes que Estados Unidos podría «borrar a Irán en una noche». El mandatario también endureció su postura comercial, anunciando aranceles del 50% a cualquier nación que suministre armas a Teherán. Por su parte, Irán presentó un plan de 10 puntos que exige el levantamiento total de sanciones y el pago de costos de reconstrucción, además de reafirmar su compromiso de no buscar armas nucleares, calificando la tregua como una «consolidación de su victoria en el campo».
El punto de mayor fricción radica en el alcance geográfico del pacto. Mientras Pakistán e Irán sostienen que la tregua incluye al Líbano, tanto el gobierno de Benjamin Netanyahu como la Casa Blanca han aclarado que los operativos contra Hezbolá no se detendrán. De hecho, Israel mantuvo sus ataques en Tiro y Nabatieh este miércoles, provocando amenazas de represalia por parte de la Guardia Revolucionaria de Irán. La fragilidad del acuerdo quedó evidenciada con los informes de Kuwait sobre nuevos ataques iraníes con drones contra sus plantas desalinizadoras y petroleras en las últimas horas.
La mirada internacional se traslada ahora a Islamabad, donde el próximo viernes se reunirán las delegaciones para intentar concretar un acuerdo definitivo. Estados Unidos enviará una comitiva de alto nivel encabezada por el vicepresidente JD Vance, junto a Jared Kushner y Steve Witkoff. Con la Unión Europea y el G7 instando a una paz duradera, la comunidad global observa con cautela si estos 14 días servirán para desactivar la crisis o si, como advirtió Netanyahu con «el dedo en el gatillo», solo son el preludio de una nueva fase de combates.