Este domingo 5 de abril de 2026 marca un punto de inflexión para la exploración espacial moderna. Los astronautas de la misión Artemis II se encuentran a pocas horas de entrar en la «esfera de influencia lunar», el momento en que la gravedad de la Luna ejercerá una atracción mayor que la de la Tierra sobre su nave. Se espera que el lunes completen su histórico sobrevuelo por el lado oculto del satélite, aventurándose más profundo en el espacio de lo que cualquier ser humano haya llegado jamás.
La tripulación, integrada por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, ha reportado una navegación impecable desde su lanzamiento el pasado miércoles. Glover comentó con asombro cómo la Tierra se ve cada vez más pequeña mientras la superficie lunar domina el horizonte. Durante su trayecto, los astronautas ya han comenzado a aplicar su entrenamiento en geología, logrando identificar y fotografiar la Cuenca Orientale, una formación masiva similar a una diana que Koch describió como un privilegio ver con ojos humanos por primera vez.
Sin embargo, no todo ha sido perfecto en la cápsula Orion. La misión ha reportado problemas persistentes con el inodoro espacial. Los ingenieros de la NASA sospechan que se ha formado hielo en la línea de descarga, lo que impide que la orina sea expulsada al vacío de manera efectiva. Aunque el sistema sigue funcionando para desechos sólidos, la tripulación ha tenido que recurrir a bolsas de recolección de respaldo para la orina. A pesar de este inconveniente y de un olor inusual en el área del baño, la moral a bordo se mantiene «por las nubes». Los astronautas comenzaron su domingo desayunando huevos revueltos y café al ritmo de «Pink Pony Club» de Chappell Roan, y el comandante Wiseman describió la oportunidad de hablar con su familia desde el espacio profundo como el mejor momento de su vida.
A diferencia de las misiones Apollo, que orbitaban a unos 112 kilómetros de la superficie, Artemis II pasará a unos 6,400 kilómetros (4,000 millas) de la Luna en su punto más cercano. Esta mayor distancia les permitirá observar la curvatura completa del satélite y obtener una perspectiva esférica total de ambos polos. Este sobrevuelo de seis horas es el preludio de la ambiciosa meta de la NASA de establecer una base permanente en el polo sur lunar para el año 2028, consolidando el regreso definitivo de la humanidad a nuestro vecino celestial más cercano.