Estados Unidos formalizó este jueves su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una decisión que la administración del presidente Donald Trump justificó señalando fallas en la gestión de la pandemia de COVID-19. La notificación de retiro se emitió desde el primer día de su presidencia en 2025 mediante una orden ejecutiva, y ahora el gobierno estadounidense afirma que la cooperación con el organismo quedará reducida a lo estrictamente necesario para concretar el proceso.
Funcionarios estadounidenses indicaron que no planean mantenerse dentro de la OMS en calidad de observadores y descartaron un eventual regreso. Como alternativa, Washington aseguró que buscará trabajar de manera directa con otros países —y no a través de una organización internacional— en prioridades como la vigilancia de enfermedades y otros temas de salud pública.
El anuncio también reactivó el debate sobre cuotas pendientes. Bajo la legislación estadounidense, el país debía dar aviso con un año de anticipación y cubrir todos los adeudos antes de retirarse, que se estiman en alrededor de 260 millones de dólares. Sin embargo, el Departamento de Estado rechazó que exista una condición legal que obligue a pagar antes de consumar la salida. Por su parte, el Departamento de Salud informó que ya se detuvieron las aportaciones de financiamiento a la OMS y argumentó que la organización habría generado costos enormes para Estados Unidos.
Como parte de la formalización, testigos reportaron que la bandera estadounidense fue retirada del exterior de la sede de la OMS en Ginebra. En paralelo, se señaló que Washington ha acelerado su distanciamiento de otros organismos del sistema de Naciones Unidas, lo que ha alimentado preocupaciones sobre el impacto de iniciativas internacionales impulsadas por la Casa Blanca en el equilibrio multilateral.
Desde la OMS se indicó que Estados Unidos aún no cubre cuotas correspondientes a 2024 y 2025, y que el tema será discutido en febrero durante una reunión del consejo ejecutivo del organismo. Especialistas en salud global y derecho sanitario han advertido que la salida podría entrar en conflicto con obligaciones internas de Estados Unidos, aunque también anticipan que la medida podría mantenerse sin grandes consecuencias legales inmediatas.
En el plano financiero y operativo, la retirada estadounidense ha provocado una crisis de recursos en la OMS, que ya derivó en recortes: reducción significativa de equipos directivos, ajustes presupuestales y un plan para disminuir personal hacia mediados de este año. Estados Unidos había sido históricamente su mayor aportante, con cerca de una quinta parte del financiamiento total. Expertos en salud pública subrayan que, sin esa participación, podrían debilitarse sistemas y coordinaciones internacionales clave para detectar, prevenir y responder a nuevas amenazas sanitarias, con efectos tanto globales como para la propia seguridad sanitaria estadounidense.