Figuras de la derecha radical que integran la coalición gobernante en Israel se pronunciaron en contra del plan respaldado por Estados Unidos para la administración de Gaza en la etapa posterior a la guerra, y reprocharon al primer ministro Benjamin Netanyahu no avanzar hacia la anexión del territorio ni reactivar asentamientos israelíes. La reacción se intensificó tras conocerse la integración de una instancia internacional para supervisar el proceso, en la que participan países que han criticado la ofensiva israelí en la Franja.
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, uno de los referentes del ala más dura, calificó como un error de fondo que Netanyahu no “asuma” el control directo de Gaza. En su planteamiento, Israel debería instalar un gobierno militar en la Franja, fomentar la inmigración y la colonización, y convertir esa ruta en un pilar de seguridad de largo plazo. También rechazó que actores como Turquía y Qatar tengan un papel en el diseño de la etapa posterior, al considerar que no deben ganar influencia en el futuro del enclave.
De acuerdo con el esquema presentado por la Casa Blanca, la estructura contemplaría tres componentes: un “consejo de paz” de carácter internacional encabezado por Donald Trump; un comité palestino de perfiles tecnocráticos para encargarse de la administración cotidiana; y un “consejo ejecutivo” con función asesora, integrado por funcionarios y representantes regionales e internacionales. En ese consejo ejecutivo se incluye a responsables diplomáticos turcos y qataríes, además de otras figuras extranjeras. Paralelamente, el comité palestino tecnocrático celebró su primera reunión en El Cairo.
Netanyahu también expresó objeciones a la propuesta, señalando que algunos nombramientos no se coordinaron con Israel y que chocan con su postura oficial, sin precisar cuáles. En respuesta, convocó una reunión con sus socios de coalición para medir el impacto político interno y evaluar los siguientes pasos, en un momento en el que su margen depende de mantener alineados a los partidos más duros, que desde el inicio han cuestionado el alto el fuego alcanzado meses atrás.
El plan incluye además reglas de permanencia para los miembros internacionales: un borrador de estatutos plantea que la participación sería por un máximo de tres años, con posibilidad de renovación, y que quienes aporten más de 1,000 millones de dólares durante el primer año podrían conservar su asiento por más tiempo. Esta fase diplomática coincide con el giro de la tregua hacia objetivos más ambiciosos: transición de gobierno, desmilitarización y reconstrucción, con la idea de avanzar hacia el desarme de Hamás.
Mientras el debate político se endurece, la situación en el terreno sigue siendo frágil. Aun con la reducción de hostilidades desde el inicio del alto el fuego, se reportan cientos de fallecidos desde entonces, y la vida cotidiana continúa marcada por la precariedad. En semanas recientes, tormentas y vientos fuertes han provocado colapsos de estructuras improvisadas en campamentos de desplazados, y se han registrado muertes asociadas al frío extremo, incluidos casos de hipotermia en menores.